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domingo, 19 de marzo de 2023

Relato: El fin de la era patatera

La semana pasada anduve muy liado, me costó mucho sacar tiempo para escribir y además no sabía qué escribir, así que al final dejé pasar una semana sin subir nada al blog.

Finalmente, pude dar forma a un plan que tenía en la reserva como un ente abstracto y sin guión y es el relato que os traigo. Esta idea empezó en un sueño que ya no recuerdo. Me planteé cómo sería una sociedad basada en otro método diferente para la producción eléctrica. Luego pensé en esa sociedad afrontando una crisis que la llevara al límite y con esas dos ideas empecé a trabajar en el proyecto.

Hay un poco de humor absurdo acompañado de pequeñas dosis de crítica social energética. Pero vamos a leer el relato y comentamos después.




El fin de la era patatera


La planta energética estaba a pleno rendimiento en la ciudad de Pommes de arriba y apenas cubría la creciente demanda eléctrica de sus ciudadanos. Con la adquisición de ordenadores por parte de particulares y empresas y los aparatos cada vez más potentes, la industria se estaba quedando a la zaga y le costaba cada vez más actualizar su producción a la demanda de la ciudad.

—Hay una incidencia en la decimosexta planta, decimocuarta sección, séptima subsección, quincuagésima novena estantería, sexto nivel, trigésima cuarta productora. —El jefe de control, el señor Petota, con su anodino traje gris, vigilaba cada zona de la planta y daba avisos de averías con máxima diligencia—. Qué alguien sustituya esa productora estropeada de inmediato.

Un operario llamado Karto Fel se dirigió de inmediato al lugar indicado. Era un buen trabajador, responsable y poco hablador. Durante el turno de trabajo se limitaba a supervisar la producción eléctrica y ese día no iba a ser una excepción.

Al llegar vio las incontables estanterías, como columnas, con espacio para rodearlas, que tenían bandejas con lo que llamaban productoras eléctricas. En realidad eran patatas con dos puntas de cobre y dos puntas de zinc con cables que canalizaban la tan escasa electricidad producida y la acumulaba con el resto para tener una producción mayor. La escala de la producción era tan grande que necesitaban un edificio industrial de veintiún pisos.

En este caso, como siempre, la incidencia era que una patata había terminado por pudrirse y había dejado de generar la maravillosa energía que alimentaba la ciudad.

—Huele que apesta. —Carto murmuró en voz baja al acercarse a la patata podrida. Y el olor no era culpa solo de esta, el resto estaban en proceso de putrefacción.

A pesar del pestazo, Carto retiró la patata en mal estado, puso otra en su lugar y conectó las puntas con lo que la energía volvió a fluir.


No muy lejos de Pommes de arriba había una mega plantación llamada Kartalad. Quinientas hectáreas de cultivo de patatas que llevaban plantando desde la revolución eléctrica ciento sesenta y seis años antes y no habían plantado otra cosa desde entonces porque las patatas, no solo alimentaban la electricidad de la ciudad sino también el espíritu y el estómago de sus habitantes ya que habían adaptado su gastronomía al alimento del futuro. Incluso intentaron construir casas con patatas, pero no salió bien, se acababan estropeando.

—Los cultivos están creciendo fuertes este año. —El magnate agrícola de nombre Tuber Culo estaba observando el trabajo de los granjeros con su mano derecha y directora de finanzas, Elisa—. Nos esperan grandes beneficios.

—Por supuesto, Señor Culo, la industria eléctrica está cada vez más solicitada y dependen de nosotros. Dentro de poco tendrán que pagar lo que pidamos, nadie más puede satisfacer su demanda 

—Maravilloso.

Al mismo tiempo, no muy lejos del señor Culo, se cernía la tragedia sobre la granja Kartalad.

—¡Capataz, hay un problema! —El agricultor Solanum corría con los brazos levantados—. Hay un brote de Rhizoctonia en el sector.

—Enséñamelo, ahora. —Huarí mantuvo la compostura frente al trabajador, a pesar de la preocupación. Solanum le entregó una patata pequeña comida por el micelio—. Aquí hay más hongo que patata. ¿Cómo puede ser que no te hayas dado cuenta hasta ahora? Esto es terrible. —Huarí se puso furiosa para ocultar el terror que estaba sintiendo—. Lleva media patata al capataz más cercano, yo hago lo mismo y que todos revisemos el estado de la plantación. Es muy mala señal que esté tan infectado.



—Gobernador, señor, llegan noticias preocupantes de Kartalad. —El funcionario Atatap no podía mantenerse quieto.

—Bah, son unos pesados. ¿Qué tripa se les ha roto hoy? —El gobernador mister Potato se giró con desgana.

—Señor Potato, la situación es terrible, tenemos que hacer algo.

—Continúa. —El gobernador dejó los papeles a un lado 

—Ha habido una plaga de hongos en la plantación, se calcula que se va a perder entre el sesenta y el setenta y cinco por ciento de la cosecha…

Mister Potato estuvo a punto de caerse de la silla. Se quedó blanco en segundos.

—Si eso es cierto no podremos mantener la producción eléctrica, habrá un apagón. Y aún así no habrá comida suficiente, habrá una hambruna terrible. ¿Qué dice el señor Culo?

—Tuber Culo no va a decir nada, señor, parece que ha decidido…

—Maldito bastardo, nos deja el problema a los demás. Es un desastre.

—Señor Potato, necesitamos una alternativa viable. Llevamos ciento sesenta años sin innovar la producción eléctrica, no vamos a poder escalar la producción eternamente.

—Explicaselo tú al señor Petota. No deja de presionarnos para sacar más beneficios. Es un burro incapaz de ver más allá del número de su cuenta bancaria.

—Creo que le presiona el Señor Culo… —Atatap carraspeó incómodo—. Le presionaba con los precios de…

—Más motivo para modernizarse. —Mister Potato le interrumpió—. Pero la investigación y el desarrollo cuestan patatares y no le gusta gastar. Aún así, los demás países no están mucho mejor.

—Los acebuchos usan los huesos de las aceitunas para…

—¿Y de verdad te parece más avanzado quemar huesos de aceituna? Los acebuchos pueden arder con sus aceitunas.

—Señor, no podemos mantener este sistema. Por lo menos ellos se comen el fruto y utilizan los desperdicios para generar electricidad. Nosotros tenemos que decidir si comemos o tenemos corriente.

Mister Potato gruñó indignado.


La planta energética de Pommes seguía funcionando ajena a los problemas que se iban acumulando. Aunque eso iba a cambiar.

—Señor Petota, el gobernador solicita que se le entreguen todas las patatas que aún sean comestibles para uso alimentario. —Karto Fel miraba al suelo mientras lo decía.

—Eso es una locura, ¿A qué se debe esa petición? En cuestión de días habrá apagones por media ciudad. Reinará el caos y la anarquía.

—Al parecer se ha perdido cerca del ochenta por ciento de la cosecha de Kartalad.

El silencio se alargó peligrosamente hacia el infinito mientras el sol surcaba el firmamento y las patatas se estropeaban produciendo la electricidad que tanto ansiaban. El silencio fue tan largo que un caracol cruzó una calle en ese silencio, sin incidente alguno, y se subió a un arbusto.

—La sociedad llega a su fin, tal y como la conocemos. ¿Se sabe algo del señor Culo?

—Se ha… —Karto Fel se quedó sin habla un instante—. Ha puesto fin a su vida.

—Entonces es serio. Voy a hablar con mi familia, tengo que avisarles.

—¿Qué vamos a hacer, señor?

—Prepara una junta extraordinaria para dentro de una hora. Vamos a tener que hacer algo… y envía las patatas al señor Potato ahora mismo.


—Señores, sabéis por qué estamos hoy reunidos. —El gobernador Mister Potato estaba reunido con Karto Fel y Huarí en su despacho. Ellos se miraron desconcertados y callaron. Mister Potato resopló—. Huarí, dado que el señor Culo ha decidido dejar de lado sus responsabilidades, te cedo la propiedad y control absoluto de Kartalad.

—¿Y sus herederos? No podemos…

—No hay tiempo para eso. —Mister Potato le interrumpió—. Karto Fel, ya que el señor Petota lleva desaparecido casi noventa horas y no parece querer aparecer, a usted le concedo la propiedad y control absoluto de la planta energética de Pommes. No voy a aceptar un no de ninguno de los dos.

—¿Por qué nosotros? No sé qué quiere…

—Vosotros conocéis la granja y la planta mejor que nadie y necesito vuestra experiencia. Tenemos que hacer algo y rápido para salir de esta. Con las patatas que hemos salvado podemos alimentar a la población durante seis meses lo que nos da tiempo a comprar comida a algún otro país.

Sin embargo apenas tenemos energía para un mes, con recortes cada vez más severos y reservando la energía para los servicios críticos.

Los dos se quedaron atónitos.

—¿De dónde vamos a sacar electricidad sin patatas? —Huarí se adelantó.

—Otros países usan otros métodos. Los acebuchos usan huesos de aceituna, los Bos Taurus usan sus toros, los Camellios usan el té. Nunca hemos averiguado cómo…

—Nosotros no tenemos nada de eso, señor Potato. —Karto Fel se revolvió nervioso.

—Eso ya lo sé, tenemos que encontrar algo con lo que conseguir electricidad y que sí tengamos. Nos volveremos a reunir en setenta y dos horas. Si no traéis alguna solución os haré responsables de la catástrofe. Ahora sois los dueños. Podéis retiraros.


Volvían a estar reunidos mister Potato, Karto Fel y Huarí en el despacho del gobernador. Este esperaba informes favorables y un milagro.

—¿Quién empieza a hablar? Espero progresos e importantes.

—En Kartalad hemos hecho mejoras sustanciales. —Intervino Huarí—. La cosecha perdida se la hemos vendido como compost a las s acebuchos y con las patatares que hemos plantado cebollas.

—¿Cuándo tendremos la primera cosecha?

—Esperamos poder cosechar en unos cuatro meses. Estarán recogidas antes de que se agoten las patatas.

—Bien, tendremos que adaptar las recetas a la cebolla. —Mister Potato suspiró satisfecho.

—Señor Potato, he puesto a trabajar a un grupo en pensar recetas que unan las patatas y la cebolla, para mantener las costumbres y que el cambio no sea tan radical para la población.

—Muy buena idea, Huarí. —Mister Potato se giró y miró a Karto Fel—. ¿Y tú? La comida puede esperar, pero no la energía.

—Señor Potato, hemos invertido las estanterías vacías en comprar bicicletas estáticas y modificarlas para generar electricidad. A día de hoy solo hemos podido sustituir un tres por ciento de las instalaciones…

—¿Solo un tres por ciento? Se nos acaba el tiempo, Karto Fel.

—Señor Potato, cada bicicleta genera unas cien veces más energía que una patata. Las bicicletas están generando ya un quince por ciento de la energía anterior. Esperamos que con un un veinte por ciento del espacio de la planta produzcamos la misma energía que hasta ahora. Potencialmente podríamos llegar a quintuplicar la producción.

—¿Y para cuándo tendremos ese veinte por ciento? —Mister Potato refunfuñó.

—Esperamos tenerlo en dos semanas, pero cada día iremos mejorando la producción de manera gradual, así que compensaremos la pérdida de las patatas.

—Bien, lo habéis conseguido, en principio. Ahora sois las dos personas más importantes de Pommes, después de mí, claro está. ¿Qué vais a hacer ahora?


Y así es como Pommes dió un gran salto tecnológico dejando atrás la era patatera y entrando en la era ciclista. Además, fundamentaron el primer paso para la receta de tortilla de patatas, o como ellos la llamarían en el futuro, patatas con tortilla. Eso sí, con cebolla.




Cómo podéis ver, en mi línea, hago muchos juegos de palabras e idiomas, todos relacionados con las patatas que son el centro del relato. Al final he tenido que ampliar el relato a tres localizaciones para dar más margen a la historia y ver cómo evoluciona la crisis en los tres ámbitos por separado. He intentado diferenciar a los líderes de cada una de los lugares y darles diferentes enfoques a la hora de solucionar el problema. Y al final le he dado un papel protagonista a los personajes que parecía que iban a ser los ayudantes, que al final acaban siendo los jefes.

Para mí, siempre es una sensación maravillosa poder explorar posibilidades y crear situaciones con el único fin de ver qué podría pasar en caso de… Soñar nuevos mundos con sociedades diferentes y culturas completamente ajenas a la nuestra, eso es magia y me encanta.

Tengo dos frentes abiertos para la semana que viene, estoy preguntando a gente cercana sobre los animales que más miedo o peligrosos les parece para escribir un relato sobre el miedo. Otra idea es, con una historia genérica, que aún no tengo, reescribirla varias veces en universos paralelos, distopías, ucronías o épocas y ver cómo, el mundo y la sociedad cambiaría el relato, que en esencia sería igual en el corazón, pero totalmente distinto en la superficie.

No sé qué opinaréis de estas dos ideas, a mi me gustan mucho y quiero traerlas aunque aún no he decidido el orden.

De momento, espero que hayáis disfrutado del relato.


domingo, 5 de marzo de 2023

Reto desde otro punto 06/22

 Para este fin de semana he usado lo que llamo la hemeroteca personal. Es decir, voy a publicar uno de los retos del club que no he llegado a subir al club. Estas últimas semanas han sido más raras y me está costando más llegar.

El reto del club cyrano de junio del 2022 era este: https://clubdeescrituracyrano.com/desde-otro-punto/

Y en este caso el reto pedía que el protagonista estuviera privado de alguno de los sentidos más básicos, para poder dar otro punto de vista al relato. Es un esfuerzo consciente escribir sin usar un sentido concreto y eso incluye la decisión del mismo sentido que no va a poder utilizar el protagonista. Yo, por esas fechas, me propuse ponerme aún más difíciles los retos, por eso de ser retos y me propuse que a mi protagonista no le faltara un sentido, sino dos. Y ya que estaba metido en harina, ¿por qué no hacer humor absurdo? Fijaos bien en cómo explica las cosas el narrador protagonista, es importante.




Alas protectoras


Yo soy Bruce, el líder del dojo de los murciélagos. Nosotros siempre hemos protegido al emperador gran murciélago blanco de cualquier amenaza, con nuestras alas y nuestros colmillos. Y si soy el líder, ha sido gracias a una vida entera de trabajo duro y constancia porque a pesar de ser un murciélago como el que más, soy sordo. Aunque es necesario matizar que puedo escuchar un poco por el oído izquierdo. Por eso los tortazos siempre me vienen de la derecha.

Todos os habréis preguntado alguna vez, ¿no sois ciegos todos los murciélagos? Y es cierto, pero yo, además, soy casi sordo. Esto había propiciado que sintiera las cosas a mi alrededor por las ligeras fluctuaciones del aire al batir mis alas. Sigo teniendo accidentes, pero ya son muy pocos.

En la historia que os voy a relatar no soy el protagonista, sino todo el dojo.

Nos habían avisado de un posible ataque al emperador por parte de los malvados búhos sindicalistas. Ellos acosaban al emperador para que diese más libertad a los esclavos, pero el emperador no estaba dispuesto a ceder. Los esclavos son lo que mantiene a flote la industria del guano y nos convierte en una potencia económica e industrial de primera categoría.

Por eso mismo una mañana, muy temprano, las lechuzas atacaron la cueva palacio del emperador, pero ahí estábamos nosotros para detenerlos. Los defensores del gran murciélago blanco.

La primera alarma sonó bien entrada la mañana, yo desperté de un sueño profundo, me comí corriendo un par de moscas que tenía en la despensa y me lancé a volar en defensa del emperador. Mi batir de alas era grácil, como un baile aéreo lleno de florituras, pero uno de los alumnos se tropezó conmigo y tuve que echarle la bronca.

Cuando llegué al campo de batalla todo era un caos, parecía que luchaban sin coordinación así que empecé a dar órdenes de combate y después me lancé a morder todos los búhos a los que daba caza.

Mis colmillos se convirtieron en el terror y la desesperación de mis enemigos. El batir de mis alas se convertía en un huracán desbocado. Según atravesaba la zona escuchaba exclamaciones de terror de búhos y murciélagos por igual y sentía que cada mordisco mío expulsaba un poco más a los agresores. Mis alas acariciaron sus miedos y mis colmillos devoraron sus almas durante horas de combate interminable. Largas horas en las que, con mi atrofiado sentido del oído y las fluctuaciones de aire, conseguí derribar cientos de búhos, algunos con la piel dura como la roca, otros con alas tan finas y membranosas como las hojas.

Al pasar de las horas, cada vez se escuchaban menos gritos y más lejanos, una señal inequívoca de que estábamos derrotando a nuestros enemigos y expulsándolos hasta que en un momento dado mordí al búho más grande y terrorífico que haya sentido jamás. Su olor era espantoso y por lo que sintieron mis alas calculé que podía ser al menos cien veces más grande que yo. Y para colmo cuando le ataqué pude escuchar su atronador grito de guerra. Recordad que soy casi sordo y lo escuché como un bramido terrible.

Su grito se asemejaba a un "¡MUUUUU!" que me hizo perder el sentido. Esto, junto con el agotamiento de la batalla me derribaron y acabé perdido hasta que unos alumnos me rescataron.

Me contaron que la batalla había sido un éxito, como siempre, gracias a mi heroica intervención y me devolvieron al dojo donde pude descansar.

Fue una batalla terrible, pero con mi mando y mi pericia pude salvar al emperador, otra vez.

Espero que hayáis aprendido lo que significa valor, fuerza de voluntad y respeto gracias a este humilde murciélago casi sordo que solo quiere seguir enseñando el arte del samurái en el dojo. Aceptamos alumnos todo el año.




Lo primero que tengo que decir, es que me aclararon dos detalles muy importantes sobre los murciélagos. El primero es que la ecolocalización no se basa solo en el sonido sino que podría eco localizarse incluso siendo sordo ya que es más parecido a nuestro sentido del equilibrio. Y lo segundo es que en realidad no son ciegos, hay murciélagos que ven en blanco y negro y otros a color pero con menos definición, así que no son ciegos.

Por otro lado, imagino que os habréis dado cuenta, he utilizado lo que se llama un narrador poco fiable. Bruce, en su ignorancia, cuenta muchas verdades a medias, pensando que está librando una gran batalla mientras ataca a enemigos, amigos y la propia montaña a la par. Cuando dice que la batalla se va terminando porque cada vez hay menos ruido, es él que se está marchando y alejando de la misma. En general he mezclado muchas cosas en una coctelera y las he agitado hasta que han dado este relato, pero es el primero con este tipo de narrador que además, he intentado unir con mucha sutileza, para que sea el lector el que lo deduzca sin que se lo explique el propio texto a las claras.

Es decir, he intentado que sea el lector el que se sienta muy inteligente al entender lo que está pasando en realidad a pesar del narrador que cuenta lo que cree que está pasando.

En cualquier caso, espero que hayáis disfrutado del relato.

domingo, 19 de febrero de 2023

Relato: El plátano de hierro

Un domingo más nos reunimos para ver otro relato.

El fin de semana pasado se me complicó y publiqué más tarde, por lo que está semana también he tenido menos tiempo. De hecho, no tenía nada claro qué iba a subir o si iba a tirar de los retos del club que aún no he publicado, pero al final y con un golpe de suerte, os traigo un relato de humor absurdo. Hacía tiempo que no traigo este estilo de humor y lo echaba en falta.

Todo empezó una noche hablando con una amiga le dije que se fuera a dormir, que era tarde y estaba cansada. Entonces ella me respondió que no la mandara, y siguiendo la broma le dije que era una broma. Está conversación la hemos tenido bastantes veces y ella me dijo: sí, la orden del Fénix, a lo que yo respondí con: la orden del plátano. ¿Sabes que el plátano tiene mucho hierro? La orden del plátano de hierro.

Y con esa tontería, unida a que no tenía nada más que publicar hizo que le diera vueltas a la posibilidad de escribir sobre ello. Al principio pensé en una megacorporación que automatizar la producción de comida, pero no sacaba ningún conflicto decente, hasta que surgió el relato que os traigo a continuación.



El plátano de hierro

La sala de reuniones estaba vacía. La luz del amanecer se colaba por el ventanal del septuagésimo quinto piso de la torre de oficinas de la empresa Granja de la Fonfría, en Nueva Cecina, León.

El silencio anticipaba los acontecimientos que ocurrirían aquél catorce de febrero del año dos mil trescientos cuarenta y cinco.

Entonces entró el gerente de la empresa con su mejor traje. Era alto y delgado, tenía el pelo rubio muy corto y ojos azules. Después de llegar, se dirigió al ventanal para ver salir el sol tras el Teleno.

—Hoy es el gran día… —susurró para sí mismo—. El plátano de hierro.

Se quedó mirando el paisaje, imperturbable, observando cómo pasaba el tiempo ante sus ojos.

—Señor Mugrito, los invitados se están reuniendo en el vestíbulo.

—Muy bien, señor Stratocaster, dígales que suban dentro de quince minutos.

—Sí, señor.

Mugrito se quedó en la misma posición unos minutos, entonces se posicionó en la cabecera de la mesa y se sentó a esperar. Tocó el bulto que había bajo su butaca y su tacto le tranquilizó.

Pasados unos minutos llamó a la puerta el señor Stratocaster y anunció la llegada de los invitados.

Entraron cinco personas, tres hombres y dos mujeres. Todos llevaban trajes elegantes y formales. Los invitados eran: el señor Bajo, gerente de la empresa Alimentos Conciertados, la señora Eugenia de Montijo, gerente de la empresa, de La granja a tu casa, el señor Tonky, gerente de la empresa La granja de Papá, la señora París, gerente de la empresa, La granja en la que naciste y el señor Valls, gerente de la empresa Los valores familiares.

Dicho de otro modo, estaban los gerentes de las mayores empresas agrícolas de España reunidos en la misma sala. Mugrito había comprado ya al sesenta y nueve por ciento de las empresas pequeñas y el noventa por ciento de las empresas familiares. Las compras las había hecho con la empresa El plátano de hierro, y aún nadie había vinculado la empresa con Mugrito. Aún así, eso no significaba nada sin las empresas más grandes.

—Sentaos, por favor. —Mugrito hizo una reverencia amable—. Creo que las presentaciones no son necesarias, ¿Verdad?

Los cinco negaron con la cabeza al unísono, pero sin decir nada. Se notaba mucha tensión en la sala, todos competían por el mismo pastel y la caída de unos era el alzamiento de otros.

—Señores, y señoras, están ustedes muy serios. —Mugrito sacó seis vasos y una botella con formas rectas rellena de un líquido marrón claro—. Brindemos por el encuentro, es un whisky de cocho reserva del mil novecientos noventa. Su valor es… incalculable.

—Señor Mugrito. —El señor Tonky miró asombrado la botella—. Es una reliquia del pasado. Pero, ¿No es demasiado temprano para beber whisky?

—Bobadas, señor Tonky, ¿O prefiere usted un té de tungsteno? Se lo puedo pedir si lo desea.

—No, está bien.

El señor Tonky se puso nervioso, mostrar debilidad en un lugar como aquel equivalía a perder dinero. Mucho dinero.

Mugrito sirvió los vasos y los repartió, dejando para el final al señor Tonky. Todos bebieron en silencio. Paladeaban con fruición la bebida, no estaban acostumbrados al aroma y cuerpo de una bebida con tanta solera.

—Señores, tenemos un problema muy grande. —Mugrito les sacó del deleite espirituoso encendiendo un proyector holográfico que mostró una pantalla blanca en la pared interior—. Imagino que habréis oído hablar del plátano de hierro. ¿Me equivoco?

Los cinco carraspearon, la señora París le restó importancia con un gesto de la mano, mientras que el señor Bajo realizó un sencillo rift, con los dedos, sobre la mesa. Entonces Mugrito pulsó un botón y el proyecto holográfico mostró unas tablas estadísticas y unas barras.

—Esto, señores, es lo que se llama un crecimiento exponencial a la derivada de pi y margal. En menos de dos años la empresa El plátano de hierro ha comprado la mayoría de empresas pequeñas, como podéis observar en esta gráfica y la gran mayoría de las empresas familiares.

Mugrito señaló las gráficas correspondientes. Su audiencia contemplaba en silencio la explicación, adornada por los rifts del señor Bajo.

—Esto es un problema muy serio —continuó Mugrito— porque dentro de poco estarán en condiciones de intentar comprar alguna de nuestras empresas magnas, nuestras empresas insignes en el campo agrícola. De hecho, la semana pasada me hicieron una oferta realmente… tentadora.

Los rostros de los presentes se convirtieron en máscaras de asombro y empezaron a mirarse entre ellas.

—A mí me hicieron una oferta hará tres semanas. —La señora Eugenia de Montijo revisó su carpeta con documentos y sacó un folio—. Era una oferta realmente buena. Pero no voy a ceder por nada.

—A mí me hicieron otra oferta hará dos meses. —El señor Tonky reconoció, bajando la cabeza—. También me negué a vender.

—Esto es ridículo. —El señor Valls se puso de pié—. Es evidente que nos han hecho ofertas a todos ¿no? —El resto asintió con la cabeza—. Pero ninguno de nosotros va a vender su empresa. Por muchas empresas pequeñas que tenga, no puede competir con las nuestras. Estamos perdiendo el tiempo.

—¿Está seguro, señor Valls? Siéntese, por favor. —Mugrito hizo un gesto conciliador con las manos—. Imaginemos que empezaran a comprar y vender acciones de nuestras empresas con la técnica del Pump and dump. O que empiezan a hacer ciberataques a nuestras plataformas logísticas. ¿De verdad estamos seguros y confiamos en que ninguno de los demás venderá si se ve muy presionado por estos señores que parecen no tener escrúpulos ni moral?

La desconfianza llenó el espacio vacío de la sala y las miradas acusadoras empezaron a volar entre los presentes. Si las miradas matasen, ya habría corrido la sangre. Pero nadie dijo nada, nadie se atrevió a acusar a nadie públicamente a pesar de sus rencillas.

—¿Os imagináis el poder que tendría esta empresa con solo comprar a uno de nosotros? —Mugrito volvió a la carga—. No podríamos hacer nada para pararle los pies. Y por eso, señores, estamos aquí reunidos. Por eso, tenemos que dejar de lado nuestras diferencias y unirnos contra un mal mayor, y terrible, que nos acosa.

—No estará pensando en comprarnos las empresas, ¿verdad? —Tonky se puso a la defensiva.

—Me ofende, señor Tonky. Solo pretendo forjar una alianza que nos blinde mutuamente contra El plátano de hierro, que es un depredador insaciable. Sé perfectamente que ninguno de nosotros está dispuesto a vender… a día de hoy.

—¿En qué consistiría ese blindaje mutuo? —El señor Valls se rascó la barbilla interesado.

—Yo no estoy interesada. —La señora París se recostó en su butaca—. La granja en la que naciste es sólida y no veo como podrían cambiar eso.

—Puede que su empresa sea fuerte, Señora París, pero si el plátano de hierro se hace con dos de nuestras empresas, entonces perderá su poder de superioridad. —La señora París bufó—. Sé que crees que es imposible, todos pensábamos que era imposible comprar gran parte de las empresas menores, y ha ocurrido.

—Son cosas muy diferentes. —La señora París insistió.

Mugrito miró a su alrededor y observó a sus invitados.

—Señor Bajo, ¿Lo cree usted igual de imposible?

—No puedo decir que tenga una gran confianza en los presentes. —El señor Bajo dió un puñetazo sobre la mesa—. Y eso le incluye a usted, señor Mugrito.

—Obvio, no confiamos en ninguno de los presentes, pero estamos aquí para derribar esas barreras sónico cuánticas que nos separan. Porque la unión nos hará más fuertes.

El silencio se hizo sólido mientras los invitados de Mugrito barruntaban sus palabras. Volvieron las miradas acusadoras y llenas de desconfianza. Incluso hubo toses y carraspeos nerviosos. Cuando la situación parecía haber llegado a un punto muerto, Mugrito volvió a hablar 

—Os voy a dejar unos documentos sobre la mesa, los vamos a leer detenidamente y luego opinaremos sobre los mismos. Los voy a repartir boca abajo para que todos lo empecemos a ver a la vez.

Mugrito hizo el reparto con movimientos tranquilos y calculados. Puso un grupo de hojas frente a cada uno de sus invitados y después rellenó los vasos.

—Girad los documentos y empezad a leer. —En ese momento hubo un leve brillo en los documentos recién girados, pero la luz que entraba por el ventanal impidió que se dieran cuenta del detalle.

Cada uno leía a un ritmo diferente, el señor Bajo, más nervioso, fué el primero en terminar. El señor Tonky leyó todo con mucho cuidado y fué el último. Cuando todos terminaron hubo miradas de sorpresa y recelo entre todos.

—¿En serio, señor Mugrito? —El señor Tonky apuntó directamente al susodicho—. ¿Quién va a asegurarse de que se cumplen los acuerdos de apoyo mutuo?

—Una vez más, obvio, el resto. Seremos al mismo tiempo beneficiarios y jueves del tratado. Así nadie podrá abusar de ninguno de los acuerdos.

—Eso nos dará más trabajo y más dolores de cabeza. —La señora París se llevó una mano a la sien.

—Y muchos beneficios, también. —Apuntó el señor Valls.

Después de un momento de silencio, los cinco firmaron la última hoja. Mugrito pulso un botón bajo la mesa con satisfacción y un cajón secreto, debajo de cada pila de documentos, se los tragó dejando una imagen Holográfica de los mismos. También sonó un chasquido de cerradura en la puerta de la sala.

—¿De qué va todo esto, Mugrito? —El señor Tonky estaba furioso. Es una trampa.

Todos se pusieron de pié con la intención de enfrentarse a Mugrito. Entonces él pulsó otro botón debajo del brazo de su butaca y sacó lo que escondía con tanto cuidado. Una máscara de gas.

Los cinco empresarios corrieron hacia la puerta mientras mientras de los aspersores empezaba a salir un gas mortal e invisible.

Intentaron forzar en vano la puerta. Era una puerta de seguridad de catorce centímetros forrada de madera con un cuerpo de espinacas secas que solo podían ser ralladas por el diamante puro. Ya se sabe que la vida es dura, pero más dura es la verdura y las espinacas eran las reinas de la dureza.

Después de debatirse entre espasmos y temblores de terror y agonía, la competencia de Mugrito murió a sus pies.

Los documentos que habían firmado en realidad eran documentos de cesión de derechos en caso de que les ocurriera algo. Y se había ocupado del requisito al momento.

Mugrito ya tenía el monopolio de las industrias agrícolas españolas, y pronto, se haría con el monopolio mundial. Y todo, con el subterfugio de la orden del plátano de hierro.




No sé si os habréis dado cuenta, pero la base del relato de las corporaciones agrícolas viene acompañado de una recreación, bastante libre, de un hecho real. La masacre de San Valentín, el año mil novecientos veintinueve. Lo que ocurrió es que, aunque no se pudo acusar en firme, Al Capone, durante el periodo de la ley seca y a causa de varias disputas con su competidor, Bugs, el loco Moran, mando acribillar a siete de los hombres de Bugs. Esto hizo que Al Capone obtuviera, de manera temporal el control de Chicago. Insisto en que es una interpretación muy libre, pero quería ilustrar y contextualizar el relato.

Para Marzo, es posible que vuelva a haber reto del club. Yo tengo una propuesta para un poco más de humor absurdo. Pero de momento, para la semana que viene, puede que vuelva Adán. Aunque no lo puedo asegurar.

Hasta entonces, espero que hayáis disfrutado del relato.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Reflexiones: Humor absurdo

Ya he subido al blog dos de los tres relatos de humor absurdo que he escrito para el club a día de hoy. Por eso mismo creo que es un buen momento para hablar del tema y a eso vamos.

Adoro el humor absurdo desde que en el instituto el profesor de filosofía y psicología nos hizo leer "la cantante calva" de Eugen ionesco. Es una obra de teatro desternillante con unas escenas que aúnan lo extravagante y lo incompresible para crear una atmósfera en la que cada diálogo puede sorprender al lector/espectador y dejarlo con la boca abierta.

Por desgracia, para este género no puedo poner muchos referentes, como hice con la fantasía. A parte de la obra que ya he mencionado, podría hablar de los Monty Python con sus películas insignia, "la vida de Brian", 'Los caballeros de la mesa cuadrada" y, aunque menos conocida, "el sentido de la vida".

Las tres películas son un referente del absurdo con escenas icónicas como la adoración de los reyes magos, con la que empieza la vida de Brian o la pelea con el caballero negro de en los caballeros de la mesa cuadrada. El sentido de la vida tiene un humor más ácido, pero sin perder su esencia. Me encanta su número musical con la canción "Every sperm is sacred".

También hicieron la serie televisiva, "flying Circus", pero apenas he visto un par de capítulos así que no puedo decir mucho más.

Otro personaje que aportó frescura al género fue Rowan Atkinson con su célebre e inmortal "Mr Bean". Mi yo más joven se partía de la risa con las ocurrencias de este personaje tan querido por tanta gente. Es un personaje exagerado pero sus aventuras están enmarcadas en un día a día lo que consigue que el espectador empatice con él.

Por último, mencionar las películas de Jacques Tati, cineasta francés nacido en 1907 y que vivió la revolución del cine mudo al hablado y se nota mucho, por ejemplo, en "mi tío". En esta película apenas hay diálogos y los que hay son cortos y concisos. Además, la música en sus películas es casi tan protagonista como los propios personajes. No se cataloga como humor absurdo como tal, pero se le acerca lo suficiente como para darle un pequeño hueco en la lista.

¿Y por qué cuento todo esto? Pues para explicar, o intentarlo, el motivo por el que me gusta tanto este género.

Cuando leo, o veo una película, me encanta esa sensación de incertidumbre al no saber con qué ocurrencia me va a sorprender, qué giro va a proponer. Y es que este género tiene una libertad inmensa, tan grande que es inalcanzable. En cada historia es necesario poner unas normas no escritas con unos límites, como es lógico, pero estos son muy laxos. Por ese motivo, cuando escribo, puedo poner familias tan llamativas como la del último relato que he subido en la que el abuelo es una tortuga y los nietos son una papaya y un taladro. En ningún otro género podría unir a esos personajes, pero aquí sí. Y me gusta cómo queda.

Cuando escribo humor absurdo dejor que la historia fluya, y me gusta imaginar la cara de sorpresa del lector con la nueva locura que acabo de escribir. Me gusta que sea impredecible, porque creo que le da una frescura muy especial.

Y al igual que la fantasía, cuando escribo, me permite soñar. La fantasía con mundos diferentes y maravillosos, el humor absurdo me deja ver, y soñar con las costuras de nuestra sociedad y nuestra vida. Alterar el orden natural de las cosas y ver la vida desde un punto de vista diferente y complejo. Porque por muy absurdo que sea, sigue siendo humor y busca reírse de la vida.

Pero como he dicho al final de los dos relatos que he subido con estas características. El humor en general suele ser muy personal y el absurdo, no solo es más personal si cabe, sino que a demás, no gusta a todo el mundo.

Creo que por eso tengo menos referentes y hace que me sienta más inseguro al escribir. Voy a seguir trayendo más relatos absurdos a pesar de que siempre tendré dudas de la calidad de los mismos. Pero los adoro demasiado.

¿Qué opináis vosotros del género? ¿Tenéis algún consejo? Precisamente, ayer sábado, me recomendó mi primo Javier que lea "tres sombreros de copa" de Miguel Mihura. Cuando lo lea haré un inciso contando mi experiencia.

Espero que lo hayáis disfrutado y muchas gracias por acompañarme un domingo más.

Relato Realidades alternativas: 1 El Teatro Real.

Otra semana más vuelvo a llegar tarde al relato. Esta vez puedo decir que lo de mil quinientas palabras se me ha ido un poco de las manos. U...