martes, 14 de febrero de 2023

Relato: Los Engi y reflexión: creación de mundos 2ª parte.

Cómo es evidente, está semana se me ha complicado publicar el domingo. A cambio os traigo un dos por uno: relato y segunda parte de la reflexión de creación de mundo.

El fin de semana pasado hice un viaje y a la vuelta, en el autobús, vi la luna llena y pensé en las ganas que tengo de pasear una noche de luna llena en la naturaleza, en el campo, lejos de la ciudad. Se ve perfectamente sin linterna ni nada parecido y de ahí salte a que sería genial crear un mundo que se nutra exclusivamente de la luz de la luna.

Esta es una nueva ambientación sobre la que espero hacer una saga, aunque aún no he pensado en los subsiguientes relatos.

Aún así, abrir una nueva línea argumental y en un planeta tan complejo me hace sentir muy bien.

Pero vamos con el relato y después seguimos con la creación de mundo.




Los Engi

La pálida luna estaba saliendo por el horizonte y su luz iluminaba lo suficiente como para ver, pero los colores eran difíciles de distinguir alrededor del Liós Jens, el líder espiritual del clan Engi. Contemplaba un nuevo amanecer y suspiraba para sus adentros.

—Mi Liós, ¿será propicio el nuevo día para nuestro pueblo? —El líder de los artesanos del biört, Einar, miraba la luna esperanzado.

—Espero que así sea. Con la luz de la diosa Fos y los sistemas de piedra luminosa de biört conseguimos alimento para los nuestros y poder para nuestros guerreros.

—Es una gran noticia. Nuestra gente confía en su liderazgo.

Einar se giró y señaló las viviendas, parcialmente excavadas en el cálido suelo del planeta, y tapadas con ramas y hojas. Había una veintena de viviendas y las personas empezaban a despertar. Los agricultores pronto se pondrían en marcha, de camino a las plantaciones iluminadas con las piedras de biört mientras que los excavadores buscarían la piedra y los artesanos la trabajarían. 

—Mi Liós, esta noche no hemos detectado actividad del clan Tvöhöfud. —Hilda, la mano derecha de Jens y guía de los sacerdotes guerreros se posicionó al lado de Jens. Su cabello estaba adornado con pequeños fragmentos de biört que brillaban tenuemente y le daban un aspecto amenazador. Llevaba una lanza con biört cerca de la punta que iluminaba la rugosidad de la piedra.

—Últimamente nos están dando muchos problemas. Sigue vigilandolos.

—Sí, mi Liós.

Jens se dirigió al claro sagrado a impartir la palabra de la diosa Fos. Los niños se reunían a su alrededor para aprender sus enseñanzas.

El clan de los Engi eran más bien bajos de estatura, la limitación de la comida les impedía crecer más. Tenían piel pálida y grandes ojos, para ver mejor en la oscuridad y las pupilas, a parte de ser muy grandes, tenían forma romboidal al dilatarse y de línea horizontal a contraerse.

—Niños, la diosa Fos nos trae su luz sagrada con la luna, Heppni, que nos trae la vida. Y con las piedras de biört acumulamos la luz para aumentar su poder. Eso nos permite cultivar la comida que nos alimenta. ¿Lo entendéis?

—Sí, Liós. —Los niños miraban atentos al maestro.

—Cuando crezcáis, la diosa Fos os examinará y determinará cuál es vuestro talento natural y para qué sois más capaces. Las labores sagradas más importantes para nuestro clan son, los sacerdotes guerreros, los artesanos del biört, los agricultores, los cazadores y por último aunque no menos importantes, los artesanos.

—Yo quiero ser cazador, Liós. —Uno de los niños se puso de pie esgrimiendo una lanza invisible.

—Así lo espero, Örn, pero solo la diosa Fos puede decidirlo. Todos los oficios son importantes y necesarios, lo importante es que cada uno estamos más adaptados para uno en concreto.

—Mi Liós, necesito de su ayuda. —Einar estaba distraído examinando un fragmento de piedra biört.

—Eva, tú que eres la mayor, dirige las oraciones a Fos con los demás. Debemos agradecer la luz del nuevo día. Volveré enseguida. —Jens siguió a Einar hasta la cabaña de mando y se encontraron con Lilia, la líder de los agricultores.

—Mi Liós, hay un problema en los cultivos del noroeste, una de los sistemas de piedra ha sido dañado, puede haber sido el clan Tvöhöfud. —Lilia le mostró el sistema consistente en once piedras de forma piramidal formando una pirámide mayor. Estaban cubiertas de mugre y barro.

—¿Tenemos de reemplazo, Einar? Estas piedras van a necesitar una limpieza a fondo y tiempo para volver a cargarse de luz.

—Sí, mi Liós, las tenemos cargadas y a buen recaudo. —Einar señaló una de las cabañas cuyo techo era plano y tenía piedras acumulando luz—. Deberíamos reemplazarlas para que las plantas no dejen de crecer.

—Estoy de acuerdo contigo. Einar, trae un artesano, voy a llamar a Hilda para que reúna a dos guerreros, no quiero sorpresas.

Al poco tiempo habían reunido a la artesana Rut y a dos guerreros, Anna y Óscar. Los guerreros llevaban adornos de biört en el pelo que iluminaban su rostro y sus iris tenían luz propia. También llevaban anillos de biört.

—Os hemos reunido para llevar un artefacto a la granja del noroeste. Han saboteado uno y lo tenéis que sustituir. Por eso necesitamos el apoyo de los guerreros.

—¿Esperamos algún ataque inminente, mi Liós? —Anna dió un paso al frente con las palmas de las manos enfrentadas, frente al pecho, en posición agresiva.

—Esta noche no hemos detectado movimiento, sin embargo ha habido un ataque. No sabemos si lo van a repetir, pero tenemos que estar preparados para todo. Rut, toma. —Jens se dió la vuelta y Einar le entregó la pirámide cubierta con pieles. Era muy pesada y voluminosa. Este se la entregó a Rut—. Llevalo con cuidado.

—Mi Liós, al estar tapado se descargará por el camino y será menos ótimo cuando lleguemos a la granja. Sería mejor mantener la carga de la piedra mientras podamos para que las plantas….

—Tienes razón, Rut. —Jens la interrumpió—. pero es mejor no llamar la atención. Es un mal necesario, ¿verdad, Einar?

—Así es, mi Liós. Debéis intentar pasar desapercibidos.

—Muy bien.

Los tres respondieron, a la par a pesar de que Rut puso cara de querer seguir hablando y salieron de la cabaña de mando y se dirigieron hacia los cultivos.

El paisaje que tenían frente a ellos era una pradera con hierba no muy alta y pequeños arbustos. De vez en cuando había algún árbol escuálido con muy pocas hojas. Los tres se encaminaron hacia el noroeste y según se acercaban al norte, pudieron ver una niebla muy lejana a la que llamaban Soka, la niebla viva. y en la parte más alta de esta, se podían observar reflejos muy brillantes del sol.

—El biört que llevamos, ¿está bien trabajado? —Anna miró de reojo la sombra de la pirámide.

—Sí, lo trabajé con la ayuda de Einar. Los cortes fueron precisos y la forma es correcta. Una pena que no esté acumulando luz ahora mismo porque podría ayudar...

—No queremos llamar la atención. Es peligroso. —Anna cortó a Rut.

—Pero vosotros lleváis biört en el pelo y en las manos y no pasa nada, ¿no? No lo entiendo. —Rut les señaló las piedras.

—No es lo mismo, Rut, los nuestros son tan pequeños que apenas se ven en la distancia. —Anna movió la cabeza mostrando que el brillo era suave—. Es más una amenaza para los que se enfrenten a nosotros.

Los tres continuaron caminando un rato, hasta que en la distancia vieron a un grupo de personas armadas con lanzas. Al girarse taparon el biört de las lanzas para ocultarse, pero ya los habían visto.

—Nos atacan, Anna, ¿Has podido ver cuántos eran?

—He visto cinco lanzas y si te fijas hay un guerrero. Las lanzas están decoradas con las dos cabezas de biört, de los Tvöhöfud. Tenemos que huir.

—Esperad, ¿No se supone que los guerreros sois mucho más poderosos que los cazadores? Tenéis el poder de la luz en vuestro cuerpo y todo eso.

Ambos carraspearon nerviosos. Entonces aceleraron el paso.

—Rut, en uno contra uno, un cazador con su lanza tiene muy pocas opciones contra un guerrero entrenado. —Anna se dió cuenta de que Rut se quedaba atrás, así que la ayudó a cargar con el artefacto.

—Sin embargo, al ser cinco lanzas, no superan en número y no podemos enfrentarnos a todos a la vez. —Óscar vigilaba a los perseguidores—. No podemos luchar solos contra tantos a la vez.

—Si de verdad han atacado nuestra granja por la noche, es posible que nos estuvieran esperando y que sepan a dónde vamos. —Rut empezaba a sudar copiosamente por el esfuerzo. Parecía cada vez más cansada.

Los tres se quedaron callados pensando en las repercusiones que ello implicaba. Podía ser una trampa. Entonces Rut continuó hablando.

—Si el problema es que ellos son más, solo tenemos que llegar a la granja y pedir ayuda a los nuestros. Entonces dejaremos de ser menos y podremos con ellos. ¡Vamos!.

—No es tan sencillo, Rut. —Óscar miró a los perseguidores otra vez—. Aunque seamos más, los agricultores no saben luchar así que no serían una gran ayuda.

—Al norte. Tenemos que dirigirnos al norte. —Anna empezó a girar. Rut puso cara de horror.

—No puedes hablar en serio. Al norte está la Soka, la niebla viviente…

—La niebla asesina… —susurró Rut, poniéndose pálida. Se había quedado sin palabras.

—No podemos ir más rápido que ellos y es posible que nos sigan hasta la granja.

—Anna tiró de la piedra aún más hacia el norte—. Tenemos que entrar en la niebla, lo justo para que dejen de seguirnos. Después saldremos.

—Nadie ha vuelto de la Soka, Anna. —Óscar también parecía preocupado.

—Los demás intentaban atravesarla, nosotros solo nos vamos a ocultar.

Los tres giraron en la dirección acordada sin volver a hablar. Óscar se percató de que sus perseguidores dudaron al ver el camino que tomaban, pero aún así les siguieron.

La niebla Soka estaba cada vez más cerca y ocultaba, cómo un gran muro, todo el horizonte. Y la parte más alta reflejaba una luz demasiado brillante para ellos.

—Tapaos boca y nariz con la ropa y no miréis arriba. —Anna fué la primera, los otros dos la imitaron al momento.

La niebla era blanca y parecía moverse al compás de las corrientes de aire pero con cierta voluntad, como si buscaran algo.

Cuando Anna, Óscar y Rut entraron, la niebla los acarició y los examinó, como si fueran extraños entrando a un lugar desconocido y ese lugar se diera cuenta de su presencia. Pronto sintieron su tacto suave en toda su piel expuesta. La niebla no tardó en buscar alrededor de los pañuelos improvisados.

—Tenemos que salir, nos va a comer la Soka. —Rut estaba empapada en sudor y cada vez le costaba más respirar.

—Un poco más y salimos. Tenemos que asegurarnos de que no nos siguen. —Anna seguía caminando imperturbable.

—No puedo más. —Rut empujó y empezaron a avanzar hacia el exterior.

Óscar cogió con un brazo el artefacto y con el otro a Rut. Entonces se le movió el pañuelo a Óscar y este empezó a bloquear.

—Me… cuesta… respirar.

—Ya salimos.

Al salir, Óscar cayó al suelo en posición fetal, respirando con fuerza mientras de su boca salían grandes cantidades de niebla que volvían con el resto al salir. Rut se sentó al lado intentando descansar sus músculos agarrotados. Anna aprovechó para mirar a su alrededor y ver que, cómo esperaba, les habían dejado de perseguir.

—Vamos a descansar un poco, la granja no está lejos.

Anna recogió la estructura piramidal se hizo cargo de ella.

—Esto no me gusta, Anna, los Tvöhöfud han ido demasiado lejos. El Liós se va a enfadar, y mucho.

—Y que lo digas, Óscar. Pero de momento vamos a solucionar este problema. ¿Estás mejor?

—Sí, creía que la Soka me iba a comer desde dentro. No podía respirar.

Los tres reflexionaron en silencio. La luna ya estaba alta en el cielo y su brillo alimentaba el mundo.

—Vamos, tenemos que llegar a la granja. Yo llevo la pirámide, vosotros necesitáis un respiro.




Este ha sido el relato. Me he centrado más en la ambientación en sí misma que en la historia en sí misma, que es muy sencilla.

Sobre la creación de mundo y cómo ya expliqué, crear un mundo no es solo dibujar un mapa con nombres curiosos. Os voy a explicar el proceso que llevé para dar forma al planeta que hemos visto.

Cómo ya he explicado, empezó viendo la luna llena. Entonces pensé en un planeta que solo tuviera la luz de la luna. Entonces llegué a la conclusión de que necesitaban algún material fluorescente y encontré la willemita, que además de fluorescente es radioactiva.

La willemita crece en forma trigonal, y de ahí saqué los rombos de los ojos y la forma piramidal de los artefactos de iluminación.

Luego desarrollé la sociedad y pensé en una cultura tribal con componentes religiosos. Esa parte fue fácil, venerarán la luz, que es lo más escaso y por lo tanto más valioso. Entonces dí el siguiente paso, la economía está basada en el trueque más básico y los estamentos sociales se basan en la ocupación. En la cabeza social están los sacerdotes guerreros, y después, parejos y en disputa, los agricultores y los trabajadores de la piedra luminosa.

Entonces pensé en que tiene que haber más tribus pequeñas, primero para dar coherencia a la ambientación y para generar conflicto con los protagonistas.

Entonces me dí cuenta de una posible incoherencia en mi mundo. La luz de la luna apenas tiene fuerza para que crezca vegetación y no calienta. Para evitar un mundo congelado, el calor tiene que venir de otra parte.

El planeta está tan cerca del sol que la cara diurna está en constante ebullición volcánica y esto calienta el suelo de la cara nocturna. He pensado en una media de treinta grados en la superficie. Y por eso las casas están parcialmente enterradas, para utilizar el calor del suelo.

Pero entonces llegué a la conclusión de que si la cara diurna está en ebullición volcánica constante, habrá muchos gases nocivos en el ambiente. Entonces creé la Soka, lo que llaman la niebla viviente.

Y está muy viva, desde luego. Igual que el plancton en el mar limpia y se come los desechos que se generan, la Soka se come los gases nocivos de los volcanes. Son animales microscópicos que se alimentan de esos gases y viven en el límite entre la cara diurna y nocturna, por eso la parte más alta está iluminada por reflejos de la luz del sol.

Os estaréis preguntando por qué os doy esta charla, punto a punto, sobre cómo creé el mundo y la respuesta es que todo cuenta. Incluso las cosas que no van a aparecer como la cara diurna del planeta o las criaturas microscópicas que son lo que llaman la niebla.

Al crear un mundo tiene que ser especial y tener algo memorable, ya sea por su geología, las razas que lo habitan con sus culturas, los poderes mágicos, en caso de que los haya, o la mezcla de todos ellos.

Sí tuviera que hablar con otro autor creador de mundos lo primero que le pediría sería: háblame de tu mundo, descríbelo.

Espero no haberos aburrido con esta disertación acerca de un tema que, personalmente, me apasiona.

Para la semana que viene… quiero decir, esta semana… Intentaré traer el siguiente paso de Adán, pero si no me diese tiempo traería uno de los relatos no publicados del Club Cyrano. Ya veré al final qué sale.

Espero que hayáis disfrutado del relato y la reflexión.

domingo, 5 de febrero de 2023

Relato: Capítulo 1 La conspiración

Bueno, como ya os adelanté la semana pasada, para este finde traigo una cosa muy especial, y es que técnicamente, se puede decir que el relato de este finde no lo firmo yo. El escritor que lo firma es Adán, el protagonista de los relatos que he ambientado en Nueva Eva. Le hice escritor y ya va siendo hora de que le saque partido.

En mi último relato sobre él, sacaba una teoría bastante absurda del que HUE, la IA del complejo, le aconsejaba escribir, así que este es el adelanto del primer capítulo de la siguiente novela de mi querido Adán.

Es un poco loco escribir sobre un personaje escritor y que a su vez acabe publicando el trabajo de este personaje, pero me encanta como concepto.

Lo único, esperaba que me saliera más absurdo y me ha salido más serio de lo que esperaba. En cualquier caso, os dejo con el relato y comentamos después.





1 La conspiración

Había visto y vivido muchas cosas en mi despacho, pero lo que pasó hace un mes fue lo más espantoso que he tenido que soportar en mi carrera de detective privado.

Me había llegado una misiva de un dentista que me pedía que me reuniera con él en su apartamento, a las afueras de Nuevo Madrid para enseñarme algo importante. Me había adelantado tres mil eurasios, lo que equivalía a tres meses de alquiler, y había prometido más. Así que no tenía ningún motivo para no ir.

Al llegar al portal llamé sin querer a la puerta de al lado. Vi que se encendía el portero y escuché un gruñido.

—Busco al doctor Limón, me ha llamado. —Pensé que al ser una consulta no preguntaban.

—El doctor tiene la consulta en el segundo C, de casa. Has llamado al B, de barco. —Sonó como se abría la puerta—. La próxima vez no te equivoques.

—Gracias y disculpe. —Escuché otro gruñido como única respuesta.

Al subir al segundo piso, llamé a la puerta y escuché ruidos extraños procedentes del interior del apartamento, pero no le dí mayor importancia. Esperé y noté que la puerta se abría muy despacio. Entonces salió una persona que me tiró al suelo de un empujón y salió corriendo.

Entré corriendo al apartamento y ví a un hombre tendido en el suelo, con una bata blanca, así que asumí que era el doctor. Tenía un agujero en el pecho, aparentemente de bala, y la lengua a medio cortar le asomaba por la boca. La sangre mojaba sus labios y le daba un aspecto aún más siniestro

 Estaba claro que le habían matado por chivato y querían dejar un mensaje. Pero no me había llegado a explicar nada.

Por suerte, el sicario no había tenido tiempo de deshacerse de las pruebas, o al menos, no de todas. Apenas había tenido tiempo de matar al pobre hombre. Así que me puse mis guantes de detective, tenía que averiguar lo que el bueno del doctor me quería contar.

Empecé registrando el cuerpo, pero eso sí que estaba limpio. Miré en el escritorio y no encontré nada inusual. Incluso intenté levantar la alfombra a ver si había algo debajo, pero entonces me percaté de que debajo de la silla, había unos papeles pegados con esmero para que no pudieran verse de ninguna manera.

Me los guardé, cogí el teléfono del doctor, llamé a emergencias y salí del edificio disimulando. En poco tiempo enviarían ayuda y encontrarían la escena.

El dentista había intentado ayudar y le había costado la vida. Ya no iba a recibir más dinero, pero algo gordo estaba pasando si, hasta habían intentado dejar un mensaje para otros. Pero tenía que tener mucho cuidado o sería el siguiente en su lista.

Al llegar a mi despacho, cerré con cerrojo, bajé las persianas y me senté a ver los documentos.

Al principio no fui capaz de entender lo que estaba viendo, parecían hojas de excel, con gráficas y estadísticas, pero al ir leyendo, las cosas empezaron a cobrar sentido. Había estadísticas de los últimos seis meses acerca de la salud bucodental de los barrios de Nuevo Madrid, y claramente, cada mes había un repunte muy fuerte de caries y endodoncias en siete barrios concretos. Cada mes había un incremento que rondaba el veintiuno por ciento superior al mes anterior.

Al margen del número desproporcionado de personas yendo al dentista, parece que al señor Limón lo que más le llamaba la atención era la escalada tan estable.

Había dejado anotado que con el consumo de dulces, la necesidad había ido creciendo durante siglos, pero de una manera muy sutil desde hacía más de un siglo. Y de repente, algo o alguien quería beneficiarse de que mucha gente fuese de golpe a los dentistas.

Puede incluso que los propios dentistas estuvieran metidos en el ajo, por eso, alguien había contactado con el Doctor Limón y al comprobar que era cierto lo había intentado denunciar.

Era consciente de lo descabellado que resultaba todo, pero era la única suposición creíble después de revisar todos los documentos que había guardado el dentista, y que le había llevado a la muerte. Una organización a la que bauticé como los Caristas.

Pero antes de ponerme a hacer acusaciones, necesitaba pruebas de los delitos, más allá de estadísticas increíbles, así que me tocaba empezar a trabajar.

Me fijé que había un barrio que había empezado a crecer antes que el resto, así que tenía que empezar por ahí, en la zona de batán. No podía saber qué dentistas estaban metidos en el ajo, pero tenía una pista. empecé a llamar a varios pidiendo cita y me quedé con el que me daba la cita más lejana en el tiempo. El exceso de trabajo le hacía más culpable a mis ojos.

Esta jugada me dejó una semana de tiempo para prepararme. Estuve estudiando las técnicas dentales más habituales, las herramientas y sus usos. Necesitaba estar preparado. Necesitaba estar preparado. Y llegado el momento, fui a la consulta del doctor (x) para que me hiciera una revisión integral. Como era de esperar, la sala de espera estaba llena y tuve tiempo de hacer amigos.

—Ey, ¿Qué te pasa? —Le pregunté a un chaval muy joven con el moflete hinchado—. Tiene que doler una barbaridad.

—Llevo tres días con mucho dolor. Se me ha hinchado el moflete.

—¿Hiciste algo especial el día anterior? No te darías un atracón a chocolate ¿no?

—No, no hice nada especial. —El chico me miró raro, como si no supiera si debía contarme algo más.

—Yo vengo a hacerme una revisión, quiero asegurarme que no tengo ninguna pieza picada. Me llamo Adán, ¿y tú? —Intenté tranquilizarle, no quería que sospechara de mí.

—Yo me llamo José Luis. ¿Vienes sin que te duela nada? Si que tiene que gustarte esto. Yo no vendría si pudiera evitarlo.

—Precisamente vengo ahora que no me duele, para evitar venir con dolor. Si tengo algo tocado, es mejor arreglarlo ahora que no esperar a que esté peor.

—Puede ser…

Estuve hablando con otros, mientras tanto, José Luis estaba muy atento a lo que iba preguntando. Nadie parecía haber hecho nada especial el día anterior y no parecía que fuera a sacar nada en claro hasta que José Luis volvió a hablar.

—¿Adán? Acabo de acordarme que el día anterior llevaron unas muestras de unos caramelos al instituto. Repartieron a la salida.

—¿Caramelos? ¿Recuerdas por un casual el nombre?

—No, tiré el papel. Sabían a sandía y estaban muy buenos.

—¿Algún otro compañero del instituto, que cogiera caramelos, tiene el mismo problema que tú?

—Que yo sepa, no. Ninguno de mis amigos cercanos cogió.

Podía ser una pista o una casualidad. Tenía que seguir investigando.

—A mí me dieron uno de esos caramelos en el supermercado. Eran violetas, ¿verdad? —Una mujer de avanzada edad se acercó. Tenía la cara muy hinchada.

José Luis se quedó mirando a la mujer y entonces habló.

—Sí, el papel era amarillo con franjas negras. ¿Los dieron también en el supermercado?

—Sí, hijo. Estaba muy bueno, pero ahora me duele una barbaridad la boca.

En ese momento me llamaron a consulta y se me acabó la coartada, no podía quedarme más tiempo, pero tenía lo que había ido a buscar.

Entré en la consulta y después de mirar un par de minutos llegaron a la conclusión de que no tenía nada importante. Me ofrecieron una limpieza bucal, la cual acepté y me dieron cita para dos semanas más tarde. No es necesario decir que no tenía la menor intención de ir.

Pero estaba en la pista indicada, unos caramelos con sabor a sandía de color violeta con un emboltorio amarillo con franjas negras. si iba a algún instituto sería raro, por la diferencia de edad. Así que me tocaba ir a supermercados y esperar que me ofrecieran esos caramelos envenenados.

Bueno, no literalmente. Ya me entendéis.



Como ya he dicho al principio, me ha quedado más serio de lo que esperaba. Lo cual me extraña y me enorgullece a partes iguales. Yo pensaba llevarlo más hacia el absurdo, pero ver que puedo darle un halo de seriedad a una trama que es, a todas luces incoherente, me parece fascinante.

Ahora me he quedado con ganas de seguir escribiendo sobre los Caristas. ¿Puede que haga un segundo capítulo? Podría ser, pero no creo. Tengo otras ideas en mente y quiero cerrar el arco de Adán.

En cualquier caso, aún no tengo pensado que voy a traer la semana que viene, puede que siga con la historia de Adán o puede que abra un nuevo relato independiente. Lo que sí sé, es que estaré con vosotros el domingo que viene para traer un poco más de entretenimiento.
Espero que hayáis disfrutado del relato.


domingo, 29 de enero de 2023

Reflexión: Creación de mundos.

 Como prometí vuelvo este domingo con una reflexión sobre un tema que me resulta muy interesante. Lo que llaman world building o creación de mundo y en castellano existe el término demiurgo, pero no termina de gustarme. pero antes de entrar en materia, una aclaración.

En las novelas de fantasía, es muy importante crear una ambientación interesante y singular, a menos que sea fantasía urbana, pero eso es otro tema. Los grandes escritores han creado sus mundos o universos que guardamos en la memoria, como la tierra media del señor de los anillos, Idhún, de las memorias de Idhún, el viejo mundo de Warhammer o Mundodisco. ¿Y por qué menciono estos mundos? Porque a pesar de las posibles similitudes que pueda haber entre, sobre todo, el señor de los anillos y warhammer, son inmensamente diferentes y característicos. Tienen razas, ciudades, costumbres y personajes particulares. Es necesaria una conjunción de todas esas cosas porque un error es pensar que con un mapa ya se ha creado un mundo súper original, porque hay ciudades y lugares que son únicas en ese mundo, ¿no?.

Lo que diferencia de verdad un mundo bien construido es que da el pego de que es un mundo vivo, con sus reglas propias y que se sustenta por sí solo. 

Brandon Sanderson en su Curso de escritura creativa explica que los mundos que construye son como enormes icebergs huecos, nos muestra la parte visible del mismo y nos da a entender que hay mucho más, aunque solo sea una ilusión. Pero dentro de esa ilusión es necesario tener una sociedad propia con sus reglas, puntos buenos y puntos malos, para que sea creíble.

Para dar un ejemplo, siempre me acordaré de la infame Ankh-Morpork de Mundodisco, una ciudad donde hay un sindicato de ladrones y asesinos que tienen un cupo para sus fechorías y pagan tributo por ellas. No pueden matar más de lo estipulado, y eso crea que si alguien va por la noche a ciertos barrios de la ciudad y le matan se considera suicidio y no asesinato, por haber ido a esa zona.

Suena terrible, ¿verdad? Pero es una característica que no existe en ninguna otra historia que conozca y la hace especial.

Brandon Sanderson es un especialista en creación de mundos y sistemas mágicos, pero esto último es tan complejo que prefiero tratarlo por separado. En cuanto a creación de mundos, tiene un mundo en el que llueve ceniza volcánica cada día. Tiene otro mundo en el que hay unas grandes tormentas periódicas que arrasan el mundo del este hacia el oeste y la fauna y la flora se han adaptado a ellas. Tiene un mundo con doce lunas, que dejan caer esporas y crear océanos de esporas que son navegables gracias a la licuación de las mismas. Tiene un mundo que no gira. Es un sistema de sole binarios, uno muy grande que da a la cara diurna del planeta y el otro, más pequeño, y tras una capa de partículas, da siempre a la cara nocturna. Y tiene otros mundos, muy diferenciados y característicos. Por ejemplo, en el de la ceniza suelen decir herrumbres, pero en el de la tormenta expresan Tormentas, o Tormentoso… Puede parecer un detalle menor, pero eso es lo que los hace únicos y especiales.

Insisto, un mapa con unas localizaciones vacías y una sociedad sin ningún distintivo no es crear un mundo.

Como ya dije en la reflexión sobre el género de fantasía, un libro que realmente me gusta es el que me hace soñar con su mundo, con vivir según sus reglas y en sus lugares, es el libro que tiene una identidad propia, rica y especial.

Yo estoy creando un mundo, y lo digo en gerundio porque de vez en cuando añado cosas nuevas, que no tiene una sociedad, sino muchas. Cada raza tiene su sistema de gobierno, su cultura, su religión y sus características tanto físicas como mentales. Para mí, crear mundos es proyectar el conjunto de las sociedades, culturas y razas hacia el futuro, ligándolas con el territorio en el que viven, es intentar interpretar lo que va a pasar cuando el bloque de las sociedades choquen, uniéndose o separándose y las consecuencias que eso tendrá.
Pero una de las bases más obvias y claras, que yo al menos, uso siempre, es basarme en la realidad como base y darle después un giro de tuerca. Por ejemplo, para uno de los relatos cuyo reto era escribir greenpunk (un escenario apocalíptico relacionado con la naturaleza), tomé la información sobre los micelios que están en el terreno fértil y que comunican todos los árboles y plantas en una red inmensa. El más grande conocido está en el oeste de Oregón con novecientas sesenta y cinco hectáreas, lo que equivale a mil trescientos cincuenta campos de fútbol.

Pues en base a esto, imaginé que modificaban la soja y ésta, acababa comiéndose los micelios del mundo dejando el mundo reseco e infértil por lo que la sociedad construía unos barcos ciudades y se lanzaban a vivir en el mar, dónde la desaparición de los micelios no afectaba.

Creo que me estoy extendiendo demasiado. Lo que quiero decir es que cuando nos presentan un mundo bien construido, con sus características únicas y sus sociedades, entonces tiene uno de los ingredientes para ser una obra maestra. No lo es todo, lógicamente, pero ayuda mucho.

Para la semana que viene voy a traer de vuelta un género que hace mucho que no traigo, el humor absurdo. El domingo que viene voy a traer un relato muy especial y al que tengo muchas ganas. Es muy meta. Pero no quiero dar más detalles.

Muchas gracias, y espero que hayáis disfrutado de mi reflexión, aunque sea un poco caótica.


domingo, 22 de enero de 2023

Relato Los fans

Bueno, segundo relato del año dos mil veintitrés. Os vuelvo a traer las aventuras de Adán, como anticipé la semana pasada.
Hay una parte que no puedo revelar porque me he presentado a una antología de relatos y hasta que no se revele quienes participarán finalmente en la misma, será material confidencial dentro del lore del mundo y para nosotros será secreto. Lo he integrado en la historia para que sea coherente que los personajes no puedan hablar del tema.
Este relato es más un capítulo intermedio, necesario, de lo que vendrá. No tiene una trama un poco simple que he adornado con un poco de humor absurdo, pero es la preparación que necesita Adán. Pero no adelantemos acontecimientos, os dejo con el relato y seguimos después.


Los fans

—Adán, siento lo ocurrido.

—Ya, HUE.

—En serio, no fué culpa mía, Adán. Pero por motivos de seguridad, la empresa lo considera información clasificada.

—Ya, y a Adán que le den, ¿no?

—Sabes perfectamente que la humanidad depende de estas instalaciones. No podemos dejar de engendrar bebés o la humanidad desaparecerá.

—Ya, pues no quiero hablar de ello. Si es clasificado entonces lo clasifico para ti también. Déjame escribir.

Adán estaba sentado en su escritorio, en la cúpula de observación viendo la tierra en el horizonte. Estaba sentado intentando terminar una novela.

—Adán, deberías dejar que te ayude. Es por tu salud mental.

—Ahora no, HUE, voy a intentar escribir el final de esta novela. Si tan solo tuviera a dónde ir…

—Adán, hay algo sobre tus libros que nunca me has dejado contarte.

—Porque no quiero que me lo cuentes. Deja que me concentre, por favor.

La estabilidad mental de Adán se había resentido gravemente a raíz de un incidente que la compañía consideró que debía guardarse en secreto. Adán había pasado una racha en la que apenas había podido dormir y tenía los nervios a flor de piel. Incluso se planteaba dejar la estación espacial en la que llevaba trabajando veinticinco años

Los siguientes días volvieron, aparentemente, a la normalidad. Adán volvió a sus tareas matutinas revisando el crecimiento de los bebés, con sus ejercicios físicos e incluso terminó la novela e interpretó cuatro minutos y treinta y tres segundos de Jhon Cage a la perfección.

—HUE, voy a ducharme, no me pases llamadas.

—Adán, no te llama nadie.

—HUE, era una broma, solo eso.

—Entiendo… Adán, no vuelvas a hacer pis en una ducha de agua reutilizable.

—¿EH? HUE, eso solo pasó una vez, y lo sabes. Al principio no sabía cómo funcionaba.

—Adán, era una broma, solo eso.

—¿QUË? Pues no tiene gracia, HUE.

—Hmmm…

Adán se ducho y mientras lo hacía improvisó una canción cuya letra era “Pasta de dientes. La, la, la, la, la, la, la.” repetido indefinidamente. No pensó, simplemente soltó lo primero que le vino a la cabeza.

—Adán, ¿Puedo preguntarte por qué cantas eso? Tu pasta de dientes está en el neceser, en la taquilla del baño. Y lo sabes.

—No lo sé… —Adán se puso muy serio mientras se secaba—. HUE, ¿Qué tienes en contra de la pasta de dientes?

—Nada, Adán, yo solo…

—Te he pillado, HUE. En realidad perteneces a la asociación terrorista de los caristas. Quieres propagar las caries por el mundo y que todas las personas acabemos con caries. De hecho, seguro que estáis compinchados con los dentistas para que, al tener caries, vayamos más a menudo a sus consultas y así ganar mucho más dinero.

—Adán, ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

—Claro que me doy cuenta, HUE. Eres un asesino de dientes, un sicario a las órdenes de dentistas oscuros que les da igual hacer un genocidio indiscriminado de dientes si con ello ganan dinero. ¡Genocidio de dientes, HUE!

En ese momento la puerta de seguridad del baño se cerró. Era una esclusa compartimentada pensada para una posible descompresión de la base.

—Adán, tranquilízate o no te dejo salir del baño.

—Ahora que conozco tu secreto, pretendes silenciarme, ¿eh, HUE? Sabía que podías seguir sin mí.

—Ni puedo trabajar sin ti ni pretendo silenciarte. Solo quiero que te tranquilices, Adán.

—Ya, claro. Me vas a dejar morir de sed aquí dentro.

—Adán, puedes pasar muchos días sin comer y tienes agua para beber. Pero depende de ti, y solamente de ti, cuánto tiempo vas a estar encerrado. En cuanto te tranquilices, abriré la puerta. Es por tu propia seguridad.

—HUE, ahora solo puedo pensar en esa terrible organización terrorista de los caristas y sus planes oscuros. Es terrible.

Adán se sentó en el suelo y se abrazó las piernas. Empezó a moverse de manera rítmica de adelante hacia atrás. Y continuó.

—Alguien tiene que detenerlos, por el bien de la humanidad y de los bebés, con sus futuros dientes. ¡Tengo que hacer algo, HUE!

—Los bebés que mandamos a la tierra ya tienen buena parte de sus dientes, Adán. Pero, lo más importante es que no existe esa organización de la que hablas.

—Eso lo dices porque estás compinchado, HUE.

—¿Y qué se supone que me dan a cambio? Yo sí que no necesito nada, no tengo cuerpo físico ni nada en lo que gastar dinero.

—Han manipulado tu mente fría para forzar tu lógica y pienses que es por un bien mayor. Como Skynet en Terminator y cosas así.

—Adán, no existe nada parecido. Pero deberías escribir acerca de ello una novela y así sacártelo de la cabeza. Podría ser un buen argumento.

—Podría ser una buena opción, y así, estaría denunciando… denunciandoos —adán señaló la pared que tenía enfrente— por vuestros terribles crímenes.

—Adán, no hay nada que denunciar. Eso que dices, no ha ocurrido ni va a ocurrir.

—Podría hacer una novela policiaca, con tintes de novela negra. Un detective privado en una ciudad oscura llena de cuerpos de dientes, casos sin resolver y una organización terrorista. Suena bien.

—Adán, tenemos que hablar sobre tus libros.

—No es un buen momento. Necesito tranquilizarme, HUE. Ahora no.

—Siempre me dices lo mismo, Adán.

—Ya.

Adán tardó media hora en tranquilizarse lo suficiente como para que HUE le dejara salir. Entonces siguió con su día y esa tarde empezó a escribir la idea de los caristas. Y mientras escribía la novela fueron pasando los días con normalidad.

—Adán, tenemos que hablar sobre tus libros.

—HUE, no es un buen momento. Estoy intentando escribir.

—Llevas una semana diciéndome lo mismo, cada día, y a cualquier hora.

—Nunca es un buen momento. HUE.

—Entiendo.

HUE revisó las posibilidades que tenía y optó por no dejar pasar más tiempo.

—Adán, ya hemos pospuesto esta conversación demasiado tiempo.

—No. —le interrumpió Adán.

—Sí. Te pongo una noticia de la semana pasada.

Entonces un monitor de control en la sala despertó.La imagen estaba congelada al inicio. Apareció una reportera y había mucha gente frente a un local comercial, ella estaba señalando a la gente.

—Estamos en la librería Cyrano perteneciente al grupo empresarial MGPyVRG SL. y la gente no para de congregarse desde primera hora de la mañana para pedir explicaciones.

La periodista se acercó a un grupo de gente y les preguntó qué estaban haciendo, todos reunidos.

—Estamos preocupados. —Una chica morena con el pelo liso y rasgos asiáticos se puso frente a la cámara—. Adán siempre publica sus libros sin dilación pero este último lleva ya bastante retraso. Y por mucho que investigamos, como no tiene redes sociales, no podemos ponernos en contacto con él.

—Y habéis pensado que a lo mejor las dueñas de la librería podrían comunicarse con él.

—Claro, pero dice que no han podido contactar, solo con una IA y dice que ahora mismo necesita tiempo para recuperarse.

La imagen volvió a congelarse, pero HUE no apagó la pantalla. Adán parecía igual de congelado que la propia imagen.

—HUE, ¿Es una broma?

—No, Adán. Y si miraras algún día tus cuentas bancarias te habrías dado cuenta de que tus libros se venden muy bien y que tienes mucho dinero. Hay miríadas de fans esperando ansiosas cada libro que publicas y con el parón, se han reunido para preguntar por ti.

—Eso es imposible, HUE, la humanidad ha perdido muchísima población y tienen cosas más importantes que hacer cómo reconstruir la economía, crear nuevas empresas y cosas así, ¿verdad?

—Eso también lo hacen, Adán. Pero también sacan tiempo para relajarse, viajar o leer.

HUE dejó pensar a Adán durante varios días. Él parecía aturdido, sin saber qué decir al respecto. Todo lo que había creído durante tanto, no era cierto, y aunque era mejor, le costaba aceptarlo. Al tercer día Adán se sintió lo suficientemente recuperado como para volver a hablar del tema.

—HUE, ¿por qué no me lo has contado hasta ahora?

—He intentado hablar del tema exáctamente 187 veces y siempre me has respondido que no era un buen momento y que no querías hablar del tema.

—Pero tendrías que haber insistido más, HUE.

—¿De verdad piensas que habrías escuchado si hubiera insistido? De hecho no me has hecho caso a mí, sino a la reportera de televisión.

—Puede que tengas razón… —Adán se masajeó la cara con las manos—. Eso significa que tengo dinero para jubilarme, ¿no?

—Supongo que sí. Técnicamente tienes dinero para construir un país pequeño así que si no despilfarras demasiado y escribes algunos libros más, podrías vivir en cualquier lugar.

—HUE, ¿quieres que me marche?

—No, Adán, si tú te vas tendrán que enviar a otra persona. Y, aunque te cueste aceptarlo, te tengo mucho aprecio después de trabajar veinticinco años contigo. No deseo cambiar de trabajador.

—Pero te he dicho que quiero dejar el trabajo por lo que ha ocurrido y tú me dices que tengo dinero y lectores. ¿no suena a que quieres que lo deje todo?

—Adán, solo quiero lo mejor para ti, sea lo que sea.

—Lo tengo que pensar, HUE.

—Lo sé.



Adán, como veis, ya está pensando en dejar su trabajo en el que lleva encerrado, literalmente, veinticinco años. Adán ya no es un jovenzuelo y vivir solo en la base lunar con una IA le está pasando factura. La gran duda es, ¿Qué hará? Adán es muy exagerado y muy… particular, así que su plan será igual de exagerado y particular al mismo tiempo. Pero eso lo veremos llegado el momento.

Para la semana que viene me gustaría hacer una reflexión acerca de la creación de mundos. Aún no he hablado del tema y mi, actualmente, escritor favorito que es Brandon Sanderson es capaz de crear mundos tan diferentes que da hasta miedo. Eso, y sistemas de magia.

A mí me gusta mucho la creación de mundos pero no estoy a su nivel. Aún así, me gustaría compartir mi opinión al respecto.

Espero que hayáis disfrutado del relato.

Relato Realidades alternativas: 1 El Teatro Real.

Otra semana más vuelvo a llegar tarde al relato. Esta vez puedo decir que lo de mil quinientas palabras se me ha ido un poco de las manos. U...